* RELATOS ANDINOS

LA MISTERIOSA VICUÑA EN EL

CERRO KUMU LUMA

[Por: Néstor Curasi Mamani.]

Dicen que por los años 70, de la comunidad de Ch´ajana, una caravana de viajeros; en llama cargados de carne, charqui, lana, etc. Se enrumbaron con destino a los valles de Bolivia (Ayata, Pusillani y Huanccu); después de una caminata sacrificada de tres días, llegaron a su destino donde realizaron el trueque o intercambio de sus productos.

En el retorno con su cargamento obtenido (maíz, poroto, etc.), acostumbraban descansar en el lugar denominado: K´antati Ururi.

Los viajeros eran muy unidos y solidarios, cada uno cumplía con su deber. Una tarde, después de acomodarse para el descanso, uno de ellos que siempre en cada viaje, tenía la costumbre de cazar, una vicuña, para luego llevar como sorpresa a sus compañeros, salió a cazar.

Esta vez el atrevido viajero salió, sin compañía, en busca de presa… no muy lejos del campamento vio una manada de vicuñas y utilizando todo su talento de cazador se acerco lentamente, saco su arma y sin pensarlo dos veces, disparó a la primera vicuña que corría. El cazador, muy alegre fue a recorrer su presa, donde se dio con la gran sorpresa de que la vicuña que había matado, tenía un misterioso arete de oro. Sin dar tanta importancia a lo que vio, se lo llevo al lugar de descanso. Al ver esto los demás viajeros no podían creer la hazaña de su compañero, pero, aun con cierto recelo le degollaron, para luego alimentarse de él.

En ese momento, de lejos, a todo galope y levantando polvo en el camino, apareció un grupo de soldados montados en mulas. Los viajeros preocupados, de que se trataba de los guarda parques, inmediatamente escondieron a la vicuña y al cazador, cubriéndolo con sacos de maíz y otros productos.

En ese momento llegaron los jinetes y sin dar ninguna oportunidad a reclamos, el jefe de ellos, como si hubiera visto donde lo había escondido, ordeno sacar al cazador y a la vicuña muerta. Luego lo hicieron cargar los restos del auquénido y a si se lo llevaron inmediatamente, arrastrándolo en una de las mulas, con rumbo desconocido… pero impulsado por su sentimiento paternal, el padre del cazador levanto su chuspa (bolsita de cuero, para guardar coca) así se fue tras los jinetes.

Después de un largo recorrido llegaron a una mansión desconocida que estaba iluminado con luces resplandecientes; allí al cazador lo desnudaron y lo pusieron en medio del patio, para luego por turnos castigarlo con látigo… mientras eso sucedió, el padre desde afuera, chajchando su coca, simplemente observaba con mucha tristeza todo lo que sucedía, porque no había oportunidad para reclamar… de tanto recibir castigo, el joven cazador se encontraba moribundo y en ese momento los jinetes empezaron a cubrirlo con el cuero de la vicuña, el padre preocupado y cansado se quedo dormido…

Al día siguiente, los rayos del sol hicieron despertar al pobre anciano, con mucha prisa se puso de pie y al mirar a su alrededor, se dio con la sorpresa de que no había nada de lo que en la noche había visto. Solamente podía observar vizcachas que corrían de un lugar a otro, en un cerro solitario y a unos metros de él, una vicuña que también parecía sorprendida de todo lo que observaba. Su única reacción fue correr a toda carrera con direcciónal lugar donde se encontraban sus compañeros, luego de haber recorrido un tramo, vio que la vicuña también corría tras él.

Al encontrarse con sus amigos, el pobre anciano narro con mucho susto todo lo sucedido, al analizar esta situación, se dieron cuenta de que los jinetes no eran seres normales sino que eran ANCHANCHUS (dueños de las vicuñas) y estos lo habían convertido al cazador en vicuña.

Sin poder hacer nada y resignados los viajeros retornaban a toda prosa con dirección de Ch´ajana donde se encontraban sus familiares.

Dicen que el cazador convertido en misteriosa vicuña, muchos años después sigue penando y pagando la maldad que hizo en la naturaleza, allá en el cerro Kumu Luma.

El cuento del Eqeqo

Antiguamente, muchos milenios atrás, había un Aimara cuyo nombre era Iqiqu. Era fornido, de estatura baja, humilde, bondadoso, caritativo y sonriente

Iqiqu fue Un hombre bueno que buscaba una vida armoniosa entre los hombres, y por dondequiera que andaba predicaba las buenas costumbres. Donde había problemas y llantos llevaba la solución, la consolación y la alegría.

Un día, por sus cualidades maravillosas, recibió poder de Apu Qullana Awki (Dios Padre Divino) que moraba en las alturas sagradas de Khunu Qullu (Montaña Nevada). Con este poder, Iqiqu había lo-grado realizar grandes hazañas. Dicen que manejaba grandes piedras, secaba el agua, trasladaba rocasy montañas solamente con hondas y su voz. Todo le obedecía; por eso le gente le seguía de cerca.

Iqiqu tenia una honda y una ch’uspa (bolsa). Así caminaba por las montañas, cerros, pampas y por las riberas del Lago. Al que lloraba le consolaba y hacía reír; al que no tenia productos se los proporcionaba; a los que querían casarse los juntaba para formar su hogar.

Un día vino el Awqa (ser maligno) con su gente sanguinaria. Su as-pecto era de un hombre barbudo, de tez blanca y con genio muy malo. Awqa se portó muy cruel. Atemorizaba a los Aymaras y persiguió a Iqiqu. A los que le seguían los desbandó, a otros los asesinó feroz-mente y a algunos los obligó para que no le apoyen.

Cierta vez Iqiqu llegó a un ayllu donde Awqa también había instalado su posada para seguir persiguiendo a Iqiqu. Mientras este iba promoviendo diferentes formas de ayuda mutua, Awqa y su gente malvada, lo rodearon y capturaron. Lo torturaron y despedazaron el cuerpo de Iqiqu. La cabeza, los brazos, las piernas y otras partes del cuerpo fueron desparramados por todas partes del altiplano y en las cordilleras, a fin de que no vuelva a formarse el cuerpo, porque tuvieron miedo al poder que tenia Iqiqu.

Nuestros abuelos dicen que cada una de las partes del cuerpo de Iqiqu esta tomando forma y ha empezado a revivir. Otros dicen que cada parte del cuerpo se ha levantado y está en camino hacia Wiñay Marka (Ciudad Eterna). Un día no muy lejano, indudablemente, llegaran a Wiñay Marka. Se juntarán y Iqiqu tomará una fuerza sobrenatural que reunirá y llevará adelante a su pueblo.

Renacerá la nación Aimara y tendrá mucho poder en el Universo.

La Ciudad de Puno y Juliaca se llena de profundo misticismo, ya que pone de manifiesto la costumbre de adquirir objetos en miniatura, para posteriormente ello hacer realidad, se traduce en su riqueza ancestral de vivencias, historia, tradición y sobre todo cultura. Sir Edgard B. Tylor en 1871, ya definía a la cultura y decía que es “Todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otras capacidades o hábitos adquiridos por el hombre, en cuanto miembro de la sociedad“. Los pueblos de Puno y Jualiaca, como parte de este gran Imperio de los Incas, tiene un riquísimo legado de historia, tradición y costumbres que se ve reflejado en esta fiesta tradicional de las Alasitas, que forma parte de una extensa cultura social, y esto se traduce en que la organización social y la cultura se da gracias a la conducta social, esta se define como el conjunto de accionesparcial o totalmente pautadas de acuerdo a las reglas y significaciones culturales, por ello todas las acciones humanas dentro de una sociedad son el reflejo de la cultura que poseemos, con esto se demuestra que nuestras formas de comportamientoen estas fiestas de las alasitas, es la respuesta de cultura que interrelacionamos entre nosotros. Esta fiesta de las alasitas, decimos, que es una demostración de nuestra cultura, tradición y creencias, son y forman parte de nuestra Cosmovisión Andina, que es la forma o manera particular de interpretar, concebir y ver la realidad, la vida, el mundo, el tiempo y el espacio, que posee desde siempre el poblador Puneño y Jualiaqueño, los mismos que le ofrecen una explicación mitológica y la orientación valorativa de su sentido y su razón de ser. La Cosmovisión Andina en nuestro medio se manifiesta en las creencias y los valores, pero fundamentalmente en los mitos cosmogónicos, que la sustentan. Entonces cuál sería la relación de las fiestas de las Alasitas con la Psicología Social?… Tenemos que saber que la Psicología Social estudia las manifestaciones Psicológicas del individuo cuando vive socialmente, es decir, en cuanto es miembro de una comunidad. La Psicología Social, estudia entonces las muchas influencias entre los hombres, ocupándose también de los efectos de inter – relación sobre los pensamientos, sentimientos, emociones y costumbres. El hombre no vive aisladamente. Está dentro de la Sociedad. El medio social, nuestro Pueblo Puneño y Juliaqueño, con su profundo misticismo, con una alta Religiosidad se influye poderosamente en el proceso de formación psicológica de las personas. La Mentalidad Social es el “Alma Colectiva” ha producido el lenguaje, el arte, la religión, los prejuicios, las costumbres, la magia, los mitos, la ciencia y la cultura; y cuando nos referimos al Mito Cosmogónico Puneño y jualiaqueño, ésta pretende legitimar divinamente a los arquetipos originarios que explican, justifican y sancionan los hechos básicos de la condición humana : sexualidad y fertilidad, vestimenta y alimento, trabajo y felicidad, pecado y castigo, vida sufrimiento y muerte, y en general las relaciones del hombre con su medio social, natural y sobre natural. El Pueblo Puneño y Juliaqueño dentro de todo, este contexto místico, también es un ferviente creyente en la Pachamama, que es una expresión que va más allá de la bifurcación entre lo visible, lo material e irracional, lo terrenal y celestial, lo profano y sagrado, lo exterior e interior, que también por estas fiestas se convierten en una dualidad inseparable entre el poblador partícipe de estas Fiestas y la Madre Tierra. Finalmente diremos que todo esto genera, la paz, la tranquilidad, vinculada a nuestra espiritualidad muy tradicional en nuestro medio, se vive momentos muy difíciles, que con estas actitudes y comportamientos sociales tendremos mejor interrelación entre todos nosotros, como creyentes en la Divinidad

La leyenda del valle de “Wiñay Marka”

Dice: la leyenda. Que la creación del mundo duró muchos siglos y, durante este tiempo, Apu Qullana Awki creó el Universo: la tierra, el cielo, los mares, ríos, lagos, animales, las plantas, la gente, las estrellas, etc. Cuando terminó de crear el mundo Qullana Awki se fue a vivir a una de las montañas más grandes del altiplano, que se ubica cerca del lago; pero dejó un mandamiento para la gente.

En aquellos tiempos, todo lo que hoy ocupa el lago Titicaca era un paraíso llamado Wiñay Marka (Ciudad Eterna), donde no había odio, envidia, ni riñas entre los hombres. Era un valle hermoso. Lo único que tenía que cumplir la gente era el mandamiento del Apu, que era no subir ni escalar la montaña sagrada, donde moraba el Apu, y que se identificaba por las llamas quo ardían en la cima de aquella montaña.

Sin embargo, un día la gente, instados por el Awqa (ser maléfico) escalaron la montaña que protegía a todo el Valle Sagrado. El Awqa hizo creer a la gente que, llegando a la cima de aquella montaña, iban a convertirse en seres superiores, tan igual y aún más que el Apu Oullana Awki.

Entonces por esta desobediencia Apu hizo salir de las cuevas muchos pumas que devoraron a la gente. Todo fue una carnicería que hizo correr lagunas de sangre.

Ante esta situación, el padre Sol lloró inconsolablemente durante cuarenta días y cuarenta noches; las lágrimas del Sol habían formado una inmensa laguna, que ahogó a todos los pumas que han matado a la gente.

El origen del lago Tikakaka

[Por: Yuselino Maquera Maquera.]

Cuentan que en los despeñaderos del pueblo de Muju Marka, que actualmente erguí la novísima provincia de Moho cubierta de un paisaje místico de encantadores paisajes, adornados de eucaliptos, tierra de rosas muy hermosas y flores multicolores hecha con las manos de los dioses tutelares del altiplano y a orillas del mismísimo majestuoso Lago Titikaka, urge la floreciente, atractivo y turístico denominada “La Compuerta de Mukuraya“, que actualmente se observa como una V dentilabial. Cuenta la tradición oral, en épocas de la historia pre colombina. Antes se encontraba totalmente cerrada y bajo esa abertura se ha deslizado toda una antigua ciudad a la profundidad de las aguas del Lago Titikaka, es cuando se inicia la historia toda una ciudad perdida y enterrada en el fondo del Lago Titikaka.

En tiempos casi inmemoriales llegó una mujerforastera, harapienta, deshilachada, enmendada y bien descuidada cargando en su espalda, muy penosamente, traslada una huakulla de arcilla cocida, tras la espalda y con un tapón y franela bien ajustado. Vencida ya por la fatiga se alojo en una casa después de muchas suplicas. La población había olvidado ya las normas de hospitalidad, solidaridad, reciprocidad practicaba por el mundo andino.

Al día siguiente, apenas salían las primeras luces del alba, muy temprano, quiso continuar con su viaje, porque en realidad había pasado una noche mala, bien desvelada y resfriada por falta de una buena cama y alimentos. Tan solamente le habían hospedado en uno de los rincones de la cocina y no le habían hecho participe de la cena.

A causa de ello no tuvo energías para enrumbar su viaje y llevar consigo la pesada huakulla. Antes de retirarse suplico – entonces a los dueños – que le permitirán dejar – y juró: regresar – pero que tuvieran mucho cuidado y que por nada del mundo la destaparan por ningún motivo. Aceptaron casi obsequiosamente los dueños de la casa. Y partió con el compromiso de volver.

Entre tanto – la curiosidad mató al gato, o mejor dicho el gusanillo de la curiosidad les pico insistentemente. Se preguntaban – ¿qué contendría? – ¿por qué habría recomendado mucho la custodia de la huakulla? ¿Qué contendría a su interior? ¿Por qué porfía mucho no quitar la tapa?

O tal vez sea un obsequio bondadoso, o contendría oro. Los compueblanos no podían soportar la curiosidad y el tiempo que pasaba. Una madrugada esperanzados por el secreto que guardaba. Le quitaron la tapa y entonces muy consternados y timoratos vieron a vista y paciencia brotar lentamente un ojo cristalino de agua, ¡agua a chorros! chorros de agua, agua y más agua cristalina y no dejaba de parar.

El agua surgía interminablemente inundando, toda la comarca y sus moradores no tuvieron tiempo de escapar hasta que logró enterrar el torrente de agua a una ciudad, que yace bajo las profundidades del lago.

Cuentan, que junto a las aguas cristalinas brotaban los k´arachis, ispis, patillos, gaviotas, k´ullos, flamencos, patos, chanchos, patillos, zambulledores, q”eñola, qaslachup”uquña etc. Y todos los seres vivientes que en la actualidad moran en el habitad de las aguas del Lago Titikaka.

Que siendo así, el efecto de la maldad, la ambición y la curiosidad de los habitantes de ese pueblo leyendario, quedó enterrada una sociedad, con sus habitantes, su cultura y sus costumbres del cual ahora no tenemos precisión.

Se cuenta también, que en noches lóbregas, donde se ausenta la luna en el fondo del Lago Titikaka brilla resplandeciente y se puede observar todo el desfiladero de la ciudad perdida, especialmente en aquellos momentos donde se pierde la noción de la razón sosegado de la cosmovisión y balbuceando cuenta el momento de la “es el momento de la hora” es el tiempo del “paye” que les lleva a sucumbir ingresar a las aguas por el desfiladero hacia la sociedad perdida sólo hallan la muerte.

Wayna y Kailila (Joven y Sapo)

En tiempos remotos, en un zona de Moho había Mama Koili. Tenía un hijo joven, trabajador y cariñoso llamado Huayna Luque y le decían con cariño “Luli” . Así se llamaba el cholo, ¡era tan laborioso¡ en la época de siembra sembró una chacra de papa, también era “araría” ( Autoridad de la chacra). En una oportunidad cuidándola la chacra en una “chujlla” (especie de carpa) que la construyó él mismo.

Una de esas noches cayó una granizada feroz y como es natural que después de las granizadas hace un frío intenso, obligó a “Luli” (joven) a acostarse.

Seria la media noche cuando sintió que lo llamaban: Luli, Luli, alójame.

Luli, vio a través de la luna una hermosa “Imilla” (era una joven sapa) con “ajnqo chuco” (vestido blanco) de jaspes verdes y amarillo. Su montera era extraña tanto la forma como el color. Lo más sorprendente eran sus dos hermosos ojos que fascinaba al mirar. Luli se enamoró perdidamente de la joven a quien hizo pasar a la “chujlla”. Le encantó ver el aseo de la “Imilla”, era tan limpia que despedía un olor agradable de agua y flores silvestres.

El hombre le inquirió por su nombre. Ella le avisó que se llamaba Kailila. Le contó que era muy rica, dueña de muchas tierras, que solo por el frío pedía alojamiento, que también era la “Llajtayoc”.

Por supuesto que pasaron una noche feliz transportando al quinto cielo de placer. En ese momento Luli era el hombre más dichoso de la tierra al poseer a Kailila.

¡Qué piel tan fina¡ como decía él, por la suavidad parecían los pétalos de las flores.

Así transcurrieron muchas noches, pero lo extraño era que por las mañanas desaparecía la bella “Imilla” y solo regresaba por las tardes helada y frío.

Una de esas noches al acariciarle, notó el amante que las manos de Kailila eran raras, algo así como ramas de un arbusto seco y el chuco jaspeado era la piel de su espalda. Por supuesto que Luli guardó prudencia, pero al amanecer el día la atajó para seguirla examinando, entonces tuvieron lío, la joven empezó a gritar qauu qauu.

El amante botó a la sapa y vio con horror que la tal mujer era una asquerosa animal que daba escalofríos al mirarla .

Luli se fue donde sus padres a quien sólo dijo, que tenía miedo de seguir cuidando la chacra, imposible avisarle lo que sucedía.

Como toda madre es cuidadosa. Mama keili se fue a la chujlla a echar de menos las cosas de su hijo. Al arreglar la cama dentro de las frazadas encontró un enorme sapo de repugnante estampa, horrorizada Mama Keili dijo: este jamp”ato es el que está chupando la sangre de mi hijo. Lo botó sobre un tiesto y le tiró una piedra, gracias que se introdujo a un agujero por lo que no pudo matarlo, solo lo hirió gravemente. Al regresar Luli, en la chujlla la encontró a Kailila con la cabeza amarrada con “qoras” (hierbas frescas) quejándose desesperadamente por el dolor. Le dijo: fíjate lo que me ha hecho tu madre, esa vieja mala fe me ha arrojado con una piedra, felizmente que me escapé, si no me mata. No creas que estos se va a quedar impune, tengo muchos parientes a quienes avisaré para que castiguen este crimen. Kailila estaba completamente desfigurado, el amante decepcionado se mandó a jalar abandonándola para siempre.

Al día siguiente Luli fue a botar unas llamas que estaban haciendo dañoen la chacra. El cholo en vez de arrear las llamas empezó a dar vueltas en círculo meneando su látigo, como quien se defiende de un grupo de perros que los acometen. Los padres miraban riendo, creían que el “Wayna” (joven) jugaba. Cuando vieron que se tendió en el suelo sin poderse levantar corrieron a ver y los encontraron al hijo en agonías, rodeado de millares de sapos destrozados y otro tanto de vivos, que se retiraban después de haberlo envenenado con su baba ponzoñosa. Eran los parientes de la sapa Kailila que vengaban el crimen cometido por Mama Keili.

Luli reprochó a su madre increpándole que ella tenía la culpa para que los sapos lo envenenen. Apenas terminó de referir sus amores con la sapa Kailila, falleció Luli.

Los sapos que mató Luli fueron quemados, desde entonces en ese lugar ya no caían granizadas. (en la provincia de Moho en la zona de Sirulaya )

Los pobladores del Ayllu Jurinaya Ccollana hasta ahora acostumbran quemar sapos vivos cuando amenaza caer granizada, y no es mentira, la granizada cambia de rumbo o desaparece, al practicar esta costumbre. Cuentan este mito de los amores de la sapa Kailila y Luli.

Narrado por: Gustavo Coacalla Coaquira de la Provincia de Moho-Puno

El Muqui o Chinchilico

[Yuselino Maquera Maquera.]

Un mito idealizado de un personaje fabuloso que impresiona a los mineros, cuenta la tradición oral y el testimonio de parte y además por ser común y popular escuchar la historia de este pequeño duendecillo; que adopta variados nombres como Muqui, Chinchilico, Anchancho o Diosecillo de la Abundancia en la Minería, o como se llame. Su figura y aspecto también es variable de acuerdo al lugar y al momento que se aparece.

Este Muqui, es celoso guardián y cuidador de los espíritus de la mina, es una versión contadas por los pobladores que migran temporalmente a la Mina la Rinconada en la Popular Provincia de Sandia, donde la minería artesanal e informal dinamiza la economía de quien fortuitamente se acerca a esos lares a fin de mejorar o elevar sus condiciones de vida. Por lo que mucha gente, en busca de una oportunidad laboral, se dirige a esta zona a veces con la suerte o repentinamente halla la muerte. En estas circunstancias este pequeño personaje celoso guardián de los socavones siempre suele aparecer al amanecer donde se presenta el pacha wiljta, o el alba, es un personaje gracioso, al igual que su oreja, su boca y su nariz.

Arroja llamas de fuego por la boca, su cara, sombrero y vestidura es de color rojizo, muy parecido a un pequeño bombero, no usa calzados, pero si espuelas, que causan gran ruido, es como si lo pusieran un cascabel al gato. Este ruido enloquecedor suele ser una pesadilla para el minero que por casualidad de la vida se topa con él. Su montura es Europea, pues se describe, cabalgar un caballo blanco, pues a veces asumiendo el dueño, amo y/o gamonal de la mina.

Es importante mencionar que las personas de solvencia intelectual y moral han manifestado tener contacto con el muqui, dueño y guardián de las minas.

Cuenta la tradición oral, proporcionado por una amigo que en los socavones de las Minas de la Rinconada allí en la Provincia de Sandia. Algunos mineros percibían la presencia de un ser diminuto y gracioso el cual les jugaba algunas bromas a los que descansaba plácidamente después de una jornada agotadora de trabajo, escondiéndolos sus pertenencias, pintándolos la cara con hollín, o qisima y haciendo muchas travesuras al interior del socavón. Pero cierto día un minero anciano de nombre Julián visiblemente desgastado por el trabajo contó que aquél que lograse atrapar al pequeño duendecillo “tendría la posibilidad de pedirle oro” que este guardaba en su escondrijo: ¡Es el muqui! Gritó espantosamente y en forma mística Julián. ¡Pero cuidado! Advirtió ¡no hay que hacer ningún trato con él! ¡Es muy astuto el bandido! ¡Si es un bandido! Advirtió Julián. Mientras se retiraba del socavón con gritos irónicos y de demencia.

Paso mucho tiempo, tal vez una semana, tal vez un año hasta que el rumor llegó a los oídos del joven minero Víctor. Un joven bachiller universitario que necesitaba atesorar oro para graduarse en la Universidad, recién casado, el cual llegaba cada semana a su casa donde conversaba con su esposa siempre lo mismo: ¿Sabias que el muqui tiene bastante oro? ¿Cuántos años tendrá el Muqui? ¿De dónde sacará todo el oro ese condenado enano?. Así cada semana, para entusiasmado Víctor. Y así cada semana era incesante la preocupación por el Muqui de parte de Víctor, era el tema de conversación más resaltante. Pero las conversaciones se volvieron ideas y las ideas se volvieron suelos y los sueños se convirtieron en obsesión; hasta que Víctor empezó a urdir un plan para capturar al Muqui y con él todo su oro. Ya los mineros de la Rinconada congeniaban la manera amistosa (aunque sin verlo) con el Muqui, ellos le dejaban un poco de coca y cigarrillo en algún rincón de la mina a cambiode éste no los haga víctimas de sus travesuras. El Muqui recogía los obsequios y regalos que los proporcionaban los mineros (o menor dicho el pago respectivo) de manera tan misteriosa que absolutamente nadie sabia cómo, ni cuándo se aparecía. Pero para Víctor, a quién el Muqui se le había convertido en una Obsesión ese ya era un problema resuelto.

Víctor, contra viento y marea, no lo había dudado por ningún motivo ni le tembló ni un suspiro había decidido atrapar al Muqui, aquella noche, para lo cual se fue a hacer guardía junto a los regalos que ese día le dejarían los trabajadores compañeros de Víctor, en el abismo más profundo del socavón. Se tapó con una manta negra dejando una pequeña abertura para los ojos. La zona apenas estaba iluminada por una pequeña antorcha de petróleoy trapo viejo, lo cual le daba un aspecto más misterioso aún aquella situación. Esperó una, dos, cinco horas y nada; pero cuando ya bordeaba las cuatro y media de la madrugada, Víctor quién se había echado a dormir, y de pronto sintió un gran peso sobre su espalda y aún sin moverse abrió totalmente los ojos y se quedó quitoy despavorido escuchando el silencio al interior del socavón. Uy ¡era el Muqui! ¡Y estaba revisando la bolsa sentado sobre la espalda de Víctor! ¡Este es el momento! Monologamente pensó Víctor para si mismo, respirando profundamente. Sí pronunció, es el momento dijo Víctor. Entonces se levantó de improviso, trató de atrapar al Muqui con su manto negro, pero cayó de bruces sobre el piso. Mientras el Muqui se reía como un loco endemoniado e irónico burlándose del pobre Víctor. ¡Anda ponte de pie! Gritó el Muqui. Víctor se levantó y así con la poca luz bajo la penumbra de la antorcha pudo ver al Muqui. – Tayta Muqui, Papacito quiero oro, Werajucha “quiero un poco de oro”. Fue lo primero que pronunció ensangrentado por el pavor y espanto. Pues – Quieres oro, trabaja pue conchatumadre – respondió irónicamente el Muqui. – Verdacito necesito oro, necesito oro, porque, porque mi esposa está enferma. ¿¡y su enfermedad se cura con oro¡?, es que las medicinas están muy caras y no hay, trabajo y en la mina te pagan poco. Respondió timoratamente Víctor. ¡Pues consigue otro trabajo! Seguía burlándose el Muqui. – Por favor, duendecillo de la abundancia rey y amo de las minas dijo Víctor.

Mientras se acervada lentamente al enanito burlón y bufón. Dé un felino salto pudo cogerlo de las manos forcejearon muy poco, pero muy duro y por fin. Ahí en el suelo envuelto en la manta de color negro oscuro se encontraba atado Víctor.

Sí, el Muqui lo había atrapado a él. Mirándolo con cierta ironía mencionó el Muqui algunas palabras en quechua arcaico y se alejó riéndose diabólicamente Ja. Ja .Ja .Ja. Jo. Jo.Jo.Ja Ja Jo. como un loco endemoniado. Mientras envuelto en la manta oscura yacía y reposaba eternamente un gran bulto de oro en forma humana, descansaba en una beta el cuerpo de Víctor.

Y al día siguiente no pudieron hallar jamás el cuerpo de Víctor. Y lo único que hicieron los jornaleros del día siguiente darle un minuto de silencio y una persignada en nombre de Dios Santo y creador.

Mientras tanto la esposa de Víctor, Bertha cansada de llorar y esperar se fue a vivir a Tacna , donde cada noche tenía un sueño muy raro, un extraño resplandor le llamaba a través de un túnel profundo y siempre solía despertarse sobresaltada e irritada. cuando en el mismo sueño se escuchaba una risa vesánica, demente. Porque a Víctor su esposo no le habían dado una cristiana sepultura. Como entre pesadillas le pedía Víctor que este a su lado. pero esa, ya es otra historia.

El “Kharisiri”[2]

[Por: Juan Choquehuanca Mamani.]

Cuando el sol alcanzaba su cenit del día, y el calor se percibía como el de las fogatas de las noches del 23 de junio; el camino que conducía de retorno sobre la tierra cual culebra andina en su descanso cotidiano, y para hacerla difícil a cualquier caminante del lugar se hallaba cubierta de una fina arena que imposibilitaba su caminata normal, iba empujando mi bicicleta como también mi acompañante, en nuestras frentes se podía percibir las gotas de sudor que recorrían presurosas. Era el paso obligado de todo caminante, era la “compuerta”, lugar considerado para muchos donde rondaba la muerte, habían ocurrido muchos asaltos, robos y hasta muertes; a los costados del camino se yerguen dos ceros muy elevados cuales rascacielos urbanos, en la soledad de los andes.

El silencio era único y sepulcral, sólo se percibía el sonidosuave y callado de nuestros pasos; de pronto comencé a sentir un sueño fino y apacible, mis párpados parecían caer cual telón al final de la función, y mis pies desinflarse cual globo en las manos de un niño; cando parecía que no quedaban más fuerzas en nuestras venas y nuestros huesos se resquebrajaban en mil pedacitos y el sueño nos envolvía en su manto mortal.

Mi acompañante, como salido del letargo infinito en su lucha desesperada gritó de pronto:

  • ¡Yatichiri, tengo sueño, ya me estaba durmiendo!, ¡No sé que me pasa!

Sus palabras fueron como el rayo que recorrió mi ser y sentí que sudaba al mismo tiempo.

  • ¡Yo también!, no entiendo que nos pasa, respondí.

Ya alcanzábamos el final de la “compuerta” de caminos serpenteantes y un recorrido de más de tres kilómetros; apresuramos el camino y al final donde el camino toma una recta perdida en la distancia y pasando unos arbustos de ch”illiwa y jichhu pudimos observar un burrito negro con sus ojos diabólicos, su mirada penetrante y maniatado que pastaba en la tranquilidad del pastizal, y de rato en rato nos lanzaba su mirada.

Al ver el animalito recorrió nuestros cuerpos un sudor frío y parecía que el corazón se nos paralizaba; elevamos nuestro tono de conversación, dijimos hasta groserías con la finalidad de darnos ánimo uno al otro y no caer en los garfios maléficos del kharisiri.

  • ¡Kharisiri!, ¡kharisiri!, exclamamos con desesperación y montando en nuestras bicicletas nos alejamos del lugar como el eco que lleva el viento.

Esta “compuerta” une los pueblos de Quequerana, Ninantaya, Quiriquiri y Nuñuni; con los de Ollaraya, Occopampa, Huayrapata y otros; pueblos perdidos en los enmarañados espacios del noreste de Moho.

El kharisiri o kharisirinaka son personas dedicadas a extraer el sebo humano, para luego comercializarlo con individuos dedicados al negocio rentable de este producto humano, que por su alto valorde cotización no miden las consecuencias que acarrea a la persona que fue extraído el sebo, que puede llegar a morir si no es tratado adecuadamente en el momento oportuno y con los elementos necesarios. Hecho que sólo la medicina natural puede curar en la actualidad.

Este personaje en la vida práctica toma las formas de algunos animales, como: un burro común y corriente, la de un perro negro, un gallo, un plástico negro que conocemos y usamos, pero, se presenta como que es arrastrado por el viento de un lado a otro alrededor del caminante y otras formas que pueden variar de acuerdo a los contextos geográficos.

¿Se imaginan ustedes si nos quedábamos dormidos en ese instante y empujando nuestras bicicletas?.

Aquella mañana don Lorenzo debía llegar muy temprano a la feria de ganado; se levanto de madrugada como era su costumbre; tomó el mate de coca que despedía un olor aromático y agradable que le había preparado su esposa Concepción, era el segundo canto del gallo, mañana frígida y adornada por la luz melancólica y tenue de la luna.

Tomó su poncho, se echó la chalina de vicuña al cuello y su ch”ullu para protegerse del frío lacerante de la mañana. La luna cubría la tierra con su manto blanquecino y él podía divisar el sendero que se extendía frente a él, era un río seco y sólo un hilo de agua corría por su cause, pasó por ella sin problemas y encontró allí un burro que a esas horas de la mañana tomaba su agua. Él con su voz gutural y taciturna dijo:

  • ¡Burro, burro, burro!

Y prosiguió su camino, pero, de pronto volteo y se dio cuenta que el burro que había encontrado en el río venia tras él. Y dando media vuelta dijo al burro:

  • Carajo, ¿Kunsa aka asnusti muni?, ¡fuera, fuera burro!

Como vio que el burro no se iba y continuaba caminando detrás de él, pensó a la velocidaddel rayo, volteó y con una navaja que siempre llevaba cortó la punta de su oreja y continuó su camino; sin antes sacar un pedazo de periódico sucio y envolverlo en ella el pedazo de oreja.

Cuando habían pasado algunos días doña Concepción que acostumbraba lavar la ropa de su esposo, sintió un olorcillo raro que provenía del bolsillo del saco de Lorenzo y llevando la mano hasta allí se encontró con el envoltorio de periódico y cuando abrió grande fue su sorpresa al ver lo que allí había y llamando a su esposo le gritó:

  • ¡Tata!, ¿Kunaraki akasti?, ¿Jumaxa kuna jaqcha jiwayaskta? Y temblaba de pie a cabeza e imaginaba lo peor.

Lorenzo recordó en ese momento lo sucedido aquella mañana con el burro cuando iba a la feria de ganado y aprovechó para contarle lo sucedido; entonces, entendieron de lo que se había librado don Lorenzo. Aquel burro no era un animal común y corriente, sino como ya sabemos era el “kharisiri” que transformado en dicho animal estuvo a punto de extraer el sebo (“lik”ichsuña”) a nuestro querido Lorenzo; quien aún puede compartir la alegría de su familia al pie del majestuoso Qhapiya.

Aquella tarde cuando el sol reclinaba y el ocaso dejaba sus últimas luces infinitas Donato, el hijo mayor de la familiajugaba como de costumbre con los últimos animales que quedaban fuera del corral de la cabaña al pie del imponente Ch”ila Qullu, su padre que se encontraba a algunos metros de él, al notar la presencia de un gallito de regular tamaño al pie de una roca y extrañado por la súbita aparición de este animal, que presentaba un plumaje muy peculiar, le ordenó:

  • ¡Donato ve y arrea ese gallo!, ¿De quién podrá ser?. Por aquí no existe ninguna casa, se dijo así mismo.

El pequeño Donato que acostumbraba mirar los animales por debajo de sus piernas, se agachó y miró hacia el animal, pero se quedó como petrificado no sabía si creer o no lo que sus ojos veían, de pronto como quien ve un fantasma, se levantó grito y al mismo tiempo que se aferraba a su padre con todas sus fuerzas, y le decía:

  • ¡Awki, Awki, janiwa ukaxa chhankakiti!, su padre sorprendido por la actitud de su hijo no comprendía lo que sucedía sólo atinó a preguntarle:
  • ¡Yuqalla! ¿Kunasa Kamachi? Y su hijo se le aferraba con más fuerza a su cuerpo y sudaba como si hubiera participado en una competencia de maratón, sólo atinó a señalarle con sus manitas con dirección al gallo.

Volteo para mirar al gallo y éste ya se encontraba parado sobre la inmensa roca, hecho que era muy raro en estos animales y por lo avanzado de la tarde. Quiso ver lo que su hijo había visto al agacharse y mirar por debajo de sus piernas y/o entrepiernas; cuando miró al gallo ya no estaba, sino que, solamente pudo ver desaparecer detrás de la inmensa roca la cabeza de un hombre con una cabellera bastante crecida y chascosa. Y dirigiéndose a su hijo, lo acarició al mismo tiempo que le decía:

  • Jani jachamti wawa, ¡kuna purkiriyapunchi!. Utaru sarxañani.

A los pocos días se enteraron que la esposa de su vecino quien vivía al otro lado del cerro en la cabaña de P”axra Jaqhi, se encontraba enferma, luego de haber comido chicharrón de chancho que la familia había preparado por la alegría de haber culminado el recojo del ch”uñu y tunta que fue muy abundante y la época de heladas ya se iba, terminaba junio para dar paso al mes de las cometas en la zona.

La pregunta quedaba flotando aún, ¿Qué había visto aquella tarde Donato? Y asustarse como lo hizo, su padre estaba muy inquieto todos esos días, pero, no quería recordarle el mal momento vivido por su hijo; finalmente, llegó el momento de conversar sobre el tema, cuando toda la familia se encontraba reunida en la noche después de haber cenado, frente a la pregunta de su padre Donato narró lo que había visto:

  • Kunawrasati uñttha ukaxa, uka qala k”uchunsti janiwa kuna chhankasa utjkataynati, uka jach”a qala k”uchunsti maya ch”iyara isini, ñik”utasa t”ampa, nayrapasa ninjama sank”iri phiru jaqikiwa sayaskataynaxa.

Efectivamente, lo que Donato había visto no era un gallo, sino, una persona extraña con características extravagantes, con ojos que brillaban como la brasa del fuego y su ropa completamente negra, hicieron que el niño se asustará aquella tarde como lo hizo.

Como ya se dijo, el “Kharisiri” puede tomar la forma de distintos animales y objetos cuando tiene que atacar a las personas y sacarles el sebo (lik”ichsuñataki), y lo puede hacer en cualquier momento del día y en el momento menos pensado y en el lugar menos indicado.

Existen algunos elementos que permiten contrarrestar su ataque, como: el ajo, qañiwaku, llevar puesto alrevés alguna ropa interior, y hacer un nudo la punta del poncho; y otros de acuerdo a cada zona. Las personas que son sacados el sebo, pueden estar sin mostrar mal alguno hasta por dos meses a más; su mal se manifiesta cuando el individuo consume carne de chancho, pescado y/o toma licor (generalmente cerveza), antes de ello puede mostrarse como persona sana, pese haber sido extraído el sebo.

En la casa todos se hallaban muy acongojados, doña Lidia había sido sacada el sebo por el “Kharisiri”. Sentía unos dolores intensos a la altura de la cintura y esta se quería partir, le incomodaba sentarse, el estar echada también, ninguna posición era cómoda, y el dolor era insoportable. El curandero de la zona había detectado su mal a través de la orina de la enferma; sudaba bastante. El curandero hacia saber a su esposo que debería conseguir en forma inmediata lo necesario para el tratamiento.

  • Tata, jichhasti k”atakiwa arumanthpachataki akanaka jakinita; jichhaxa jaqi lik”i umantayawtanpilla, ukasti, kunjamsa jichha aruma makipaykaniwa.

El curandero le preparó una lista de las cosas que debía tener a mano inmediatamente si quería salvar a su esposa de la muerte que era inminente. Manuel miró la lista que el curandero le había entregado, y exclamó:

  • ¡Kunaraki nayatakixa!, ¡Uka kharisiri, katjakiriktha wallpa lluch”spunwa lluch”iririktha!. Masticaba su dolor y pena la mismo tiempo y se prestaba a salir en busca de lo que le habían pedido el curandero, para el tratamiento de su esposa, quien dormía momentáneamente después de haber tomado el primer medicamento (sebo humano) que le dio el curandero.

Debía conseguir un cordero negro, era fundamental para su tratamiento, luego de haber caminado gran parte de la noche, llegó al amanecer a la cabaña de su compadre quien vivía al pie del imponente Maräwi, le parecía extraño que su compadre lo visitara desde tan lejos, lo recibió con bastante alegría, luego de desayunar el delicioso potaje consistente en sopa de phatasqa y carne fresca de cordero, acompañado de un delicioso plato de ocas sancochadas preparado por su esposa, don Marcelo al ver a su compadre tan apenado entendió que necesitaba de su apoyo y le expresó:

  • Kumpari, ¿Kunaxalla wakischi?, sinti llakitaraktasa. Manuel mirando el corral de las ovejas de su compadre, exclamó:
  • Uka ch”iyara uwijamalla alxt”awita, jani ukasti warmijasa jiwaspawa. Al mismo tiempo que le explicaba la razón por la que tenía la necesidad urgente de un cordero negro y por lo que había caminado durante parte de toda la noche.

Luego de despedirse de la casa de su compadre Marcelo, retornó a la suya donde su esposa se encontraba convaleciente, llegando a su casa se preparó para iniciar el ritual de la curación. Sólo esperaba la llegada del curandero. Y se decía a sí mismo.

  • Akampikuchawa warmijaxa waljtaniwa. Y su pensamiento recreaba los momentos felices conjuntamente a su esposa e hijos. (.)

La misteriosa aparición de la virgencia de Quchapata[3]

[ Compiladores: Rosio Yujra Sucaticona

Gaby Quispe Sucaticona.]

Cuenta la tradición oral, y nuestras tradiciones son sabias que por los años 70, en el cerro Belén y se comenta por todo el distrito de Tilali, y muy especialmente en la parcialidad de Aynacha Huatasani, acerca de la aparición de la Virgen madre de Jesucristo, en un peñasco del cerro.

¿Es milagro su aparición? Su admisión o rechazo es cuestión de fe. Pero hay que dejar advertido en el mundo andino existe la presencia del sincretismo cultural, es decir la unión y convivencia de la deidad andina y la religiosidad católica. Teniendo en cuenta que día a día se acentúa el fervor religioso hacia la confirmación del indicado milagro.

ORIGEN:

Hubo un tiempo que la población de Aynacha Huatasani no creía en la religiosidad y hubo una infinidad de pestes, como la presencia de las heladas, granizadas, y pasó una temporada de hambruna. Cierto día unos niños estaban pasteando ovejas y “vieron llegar dos palomas blancas sobre una piedra” y como cualquier niño lleno de curiosidad fueron agarrar a las palomas, fueron donde las palomas, y huyeron hacia las orillas del Lago Titikaka. Al día siguiente, igualmente las palomas estuvieron encima de la piedra. Luego una de ellas tomó vuelo hacia la dirección de Copacabana y el otro de escapó hacia el cerro Lontori. Así, los pastores fueron corriendo y cesar a avisar a sus padres.

Los padres fueron al lugar de los hechos, las palomas siempre estuvieron parados encima de la piedra, ya ellos llegando, no vieron a la paloma sino que el peñasco de piedra estaba brillando en tono resplandeciente y entonces les comunicaron a todos los habitantes de la parcialidad

Reseña histórica de la Virgen de Ccochapata (Tilali)

Según los lugareños más antiguos de esta parcialidad de Aynacha Huatasani, cuentan que la historia que se relata viene desde los años 1650 y 1700 y hasta nuestros días se sigue contando con mucho fervor religioso por nuestros abuelos y bisabuelos.

Este relato verídico y milagroso de la Virgen de Ccochapata es una recopilación a partir de la tradición oral de varios lugareños de la época actual.

Un 10 de mayo de aquellos años maravillosos en el lugar de Huarahurani cunka hermoso rivera de nuestro, hoy actual Cruz de Chaca. Cierto día de aquellos como ninguna, pues unos pastores que pasteaban sus rebaños vieron como en el cielo azul bajan su vuelo raudal tres hermosas y brillantes palomas blancas por esos lares, los pastores corrieron para atraparlas detrás de ellas pero estas no se dejaban coger prosiguieron su vuelo razante hacia el lugar hoy llamado BELEN, entonces los pastores le siguieron a las palomas llegando a posarse en la sombra del peñasco de una roca que se hallaba a las orillas del Lago Titikaka, sitio exacto casi al pie de la capilla. Viendo posada as palomas que fulguraban luce blanquecinas, los pastores preparaban sus monteras para cogerlas y así lo hicieron sorpresivamente con una velocidad increíble taparon a las palomas y estando seguros que las atraparían a las tres juntas, pero en el intento huyeron dos de ella con dirección al lago boliviano, por un instante se quedaron atónitos y aturdidos al ver tan maravillosa presencia pronto reaccionaron de su letargo corto los pastores se aseguraban para cogerla a a atrapada dentro de la montera al destapar vieron sólo una imagen brillante de una virgen sellada en la roca. (inmediatamente , los muchachos corrieron para contar lo que vieron).

Y debajo fulgurante en luces y debajo de la imagen llevada una inscripción “MILAGRO” “OH MILAGRO” Pero ninguno de los pastores podía leerlo ya que los habitantes del lugar eran iletrados.

Inmediatamente los muchacho corrieron para contar lo que vieron a sus padres.

Al siguiente día casi de madrugada se constataron en el lugar. Oído el relato de sus hijos por tal acto milagroso que habían presenciado, estando en el lugar los progenitores quedaron perplejo y maravillados al ver a la virgen fulgurante que irradiaba luces era exactamente como narrador con lujo de detalles sus hijos pero nadie podía leer lo que decía la inscripción debajo que llevaba la virgen , se preguntaban unos a otros los lugareños con mucha curiosidad que significaba y quien podía leerlo, entones recordaron que había un lugareño que si podía letrearlo algunas escrituras , buscaron al lugareño y lo trajeron al lugar quien balbuceando comenzó a deletrear y dijo así eme, i, ele, a, je, ere, o, en el según intento mila, y separadamente gro, finalmente leyó “MLAGRO”. Fue una pronunciación casi maravillosa por un instante juntos susurraron la palabra en sus labios con un tono suave y de ella nació un eco pausado entre los peñascos y el eco lento se iba convirtiendo en murmullo mágico esa bendita frase ¡¡Milagro!! ¡¡Milagro!!. Repetían una y otra vez los lugareños.

Pronto la noticia corrió como un huracán enfurecido por quebradas, praderas y por toda la meseta del Collao surcando las fronteras de nuestro país .

En seguida realizaron celebraciones y actos religiosos para dicho magno acto llegaron curas y sacerdotes de diferentes pueblos del Perú y también de la vecina República de Bolivia y juntamente con los devotos buscando bendiciones y favores de la Jacha mamita virgen mugrosa de Ccochapata, así en los años venideros las producciones de chacra y ganado comenzaron a producir más y más, estas se mantienen hasta estos días.

Pero hay una anécdota un año no celebraron la fiesta a la Virgen Milagrosa entones insulsamente ese año no hubo producciones se decía que la mamita milagrosa se había trasladado a la ciudad de Lampa donde había bastante producción. Ahí renace renace la adoración y bendición se realizaban con rezos y música, danzas autóctonas de diferentes pueblos aledaños y extranjeros como de Bolivia. Venían de aquellos pueblos como de Amantaní, en sus balsas de totora Huancané Moho, Ninantaya, Conima, Japissi, Sucuni, Mililaya, Patascachi, Amsta Huatasani, así mismo llegaban de Orurillo, Puerto Acosta de Bolivia.

En la actualidad se bailan danzas e trajes de luces y autóctonas.

La jacha mamita milagrosa de Ccochatapata pasó por tres capillas, la primera construida por los primeros devotos en el lugar exacto de la aparición de la virgen, un lugar casi inaccesible, peligroso y accidentado y además pequeño. Se construye la segunda capilla más adecuada. Se traslada a la imagen grabada en la roca, pero sorpresa al momento de sacarlo, la imagen estaba sangrando casi igual a la sangre humana, la cual causo a los presentes miedo y admiración, y mucho más respeto. Por que era una realidad la Virgen milagrosa no solo eso sucedió ya ubicada la imagen de la virgen en el altar de la segunda capilla. Al día siguiente volvió a su lugar de origen tenía que volver a traerlo a hora permanece en tercer lugar. Donde se rinde pleitesía y devoción.

LA CAMPANA

Existió una campana gigantesca de una composición finísima de oro, plata y otros metales preciosos , hallada también en las aguas del lago titikaka, justamente donde se halló la cruz . La gigantesca campana estaba flotando entre las olas cristalinas , brillante bajo el serrano irradiando luces multicolres, una parte de ellas staa rajada y rota uno d sus extremos, se pensaba que era una de las hermanas de la campana María angola que se encontró en Cusco . La campana lo tenía ubicada en la capilla asi abandonada, pero hoy n día está desaparecia.

LA CRUZ SAGRADA O TATITO

No solo es la aparición de la virgen de Cochapata, sino también la milagrosa aparició de una cruz fina de madera a uno identificada su origen, exactamente en el lugar Belen a orillas del Lago Titikaka en las aguas cristalinas flotaba una hermosa cruz sagrada llamado tatito por los lugareños casi en el mismo del anterior milagro. Seguidamente los lugareños casi en el mismo lugar del anterior milagro. Seguidamente los lugareños admirados sorprendidos lo sacaron de las aguas milenarias del Lago, llevándolos en dirección a la capilla del lugar para bendecirlo y adorarlo por siempre.

Todos los años, el tres de mayo celebran su fiesta con procesiones, rezos y adoraciones, bendiciones, encabezado por los lugareños alferados nombrados nombrados para cada año quienes se encargan de revestirlo con telas finas y especiales, así la cruz sagrada va engrosando su figura por costumbre la cruz se refugia todo el año la casa del alferado esto como retribución de la bendición y reconocimiento al cargo.

La cruz es una dignísima y respetada imagen para los lugareños , por ejemplo cuando ocurren algunos males mentiras cometidas por los lugareños , entonces ellos mismos se encargan de acerlo jurar en presencia de la sagrada cruz. (Tatito).

“EL SUEÑO DEL PONGO”

AUTOR: JOSÉ MARÍA ARGUEDAS

Un hombrecito se encaminó a la casa-hacienda de su patrón. Como era siervo iba a cumplir el turno de pongo[4]de sirviente en la gran residencia. Era pequeño, de cuerpo miserable, de ánimo débil, todo lamentable; sus ropas viejas.

El gran señor, patrón de la hacienda, no pudo contener la risa cuando el hombrecito lo saludo en el corredor de la residencia.

  • ¿Eres gente u otra cosa? – le preguntó delante de todos los hombres y mujeres que estaban de servicio.

Humillándose, el pongo contestó. Atemorizado, con los ojos helados, se quedó de pie.

  • ¡A ver! – dijo el patrón – por lo menos sabrá lavar ollas, siquiera podrá manejar la escoba, con esas sus manos que parece que no son nada. ¿Llévate esta inmundicia! – ordenó al mandón de la hacienda.

Arrodillándose, el pongo le besó las manos al patrón y, todo agachado, siguió al mandón hasta la cocina.

El hombrecito tenía el cuerpo pequeño, sus fuerzas eran sin embargo como las de un hombre común. Todo cuanto le ordenaban hacer lo hacía bien. Pero había un poco como de espanto en su rostro; algunos siervos se reían de verlo así, otros lo compadecían. “Huérfano de huérfanos; hijo del viento de la luna debe ser el frío de sus ojos, el corazón pura tristeza”, había dicho la mestiza cocinera, viéndolo.

El hombrecito no hablaba con nadie; trabajaba callado; comía en silencio. Todo cuanto le ordenaban, cumplía. “Sí, papacito; sí, mamacita”, era cuanto solía decir.

Quizá a causa de tener una cierta expresión de espanto, y por su ropa tan haraposa y acaso, también porque quería hablar, el patrón sintió un especial desprecio por el hombrecito. Al anochecer, cuando los siervos se reunían para rezar el Ave María, en el corredor de la casa-hacienda, a esa hora, el patrón martirizaba siempre al pongo delante de toda la servidumbre; lo sacudía como a un trozo de pellejo.

Lo empujaba de la cabeza y lo obligaba a que se arrodillara y, así, cuando ya estaba hincado, le daba golpes suaves en la cara.

  • Creo que eres perro. ¡Ladra! – le decía.

El hombrecito no podía ladrar.

  • Ponte en cuatro patas – le ordenaba entonces-

El pongo obedecía, y daba unos pasos en cuatro pies.

  • Trota de costado, como perro – seguía ordenándole el hacendado.

El hombrecito sabía correr imitando a los perros pequeños de la puna.

El patrón reía de muy buena gana; la risa le sacudía todo el cuerpo.

  • ¡Regresa! – le gritaba cuando el sirviente alcanzaba trotando el extremo del gran corredor.

El pongo volvía, corriendo de costadito. Llegaba fatigado.

Algunos de sus semejantes, siervos, rezaban mientras tanto el Ave María, despacio, como viento interior en el corazón.

  • ¡Alza las orejas ahora, vizcacha! ¡Vizcacha eres! – mandaba el señor al cansado hombrecito. – Siéntate en dos patas; empalma las manos.

Como si en el vientre de su madre hubiera sufrido la influencia modelante de alguna vizcacha, el pongo imitaba exactamente la figura de uno de estos animalitos, cuando permanecen quietos, como orando sobre las rocas. Pero no podía alzar las orejas.

Golpeándolo con la bota, sin patearlo fuerte, el patrón derribaba al hombrecito sobre el piso de ladrillo del corredor.

  • Recemos el Padrenuestro – decía luego el patrón a sus indios, que esperaban en fila.

El pongo se levantaba a pocos, y no podía rezar porque no estaba en el lugar que le correspondía ni ese lugar correspondía a nadie.

En el oscurecer, los siervos bajaban del corredor al patio y se dirigían al caserío de la hacienda.

  • ¡Vete pancita! – solía ordenar, después, el patrón al pongo.

Y así, todos los días, el patrón hacía revolcarse a su nuevo pongo, delante de la servidumbre. Lo obligaba a reírse, a fingir llanto. Lo entregó a la mofa de sus iguales, los colonos*.

Pero… una tarde, a la hora del Ave María, cuando el corredor estaba colmado de toda la gente de la hacienda, cuando el patrón empezó a mirar al pongo con sus densos ojos, ése, ese hombrecito, habló muy claramente. Su rostro seguía un poco espantado.

  • Gran señor, dame tu licencia; padrecito mío, quiero hablarte – dijo.

El patrón no oyó lo que oía.

  • ¿Qué? ¿Tú eres quien ha hablado u otro? – preguntó.
  • Tu licencia, padrecito, para hablarte. Es a ti a quien quiero hablarte – repitió el pongo.
  • Habla… si puedes – contestó el hacendado.
  • Padre mío, señor mío, corazón mío – empezó a hablar el hombrecito -. Soñé anoche que habíamos muerto los dos juntos; juntos habíamos muerto.
  • ¿Conmigo? ¿Tú? Cuenta todo, indio – le dijo el gran patrón.
  • Como éramos hombres muertos, señor mío, aparecimos desnudos. Los dos juntos; desnudos ante nuestro gran Padre San Francisco.
  • ¿Y después? ¡Habla! – ordenó el patrón, entre enojado e inquieto por la curiosidad.
  • Viéndonos muertos, desnudos, juntos, nuestro gran Padre San Francisco nos examinó con sus ojos que alcanzan y miden no sabemos hasta qué distancia. A ti y a mí nos examinaba, pensando, creo, el corazón de cada uno y lo que éramos y lo que somos. Como hombre rico y grande, tú enfrentabas esos ojos, padre mío.
  • ¿Y tú?
  • No puedo saber cómo estuve, gran señor. Yo no puedo saber lo que valgo.
  • Bueno, sigue contando.
  • Entonces, después, nuestro Padre dijo con su boca: “De todos los ángeles, el más hermoso, que venga. A ese incomparable que lo acompañe otro ángel pequeño, que sea también el más hermoso. Que el ángel pequeño traiga una copa de oro, y la copa de oro llena de la miel de chancaca más transparente”.
  • ¿Y entonces? – preguntó el patrón.

Los indios siervos oían, oían al pongo, con atención sin cuenta pero temerosos.

Dueño mío: apenas nuestro gran Padre San Francisco dio la orden, apareció un ángel, brillando, alto como el sol; vino hasta llegar delante de nuestro Padre, caminando despacio. Detrás del ángel mayor marchaba otro pequeño, bello, de luz suave como el resplandor de las flores. Traía en las manos una copa de oro.

  • ¿Y entonces? – repitió el patrón.
  • “Angel mayor: cubre a este caballero con la miel que está en la copa de oro; que tus manos sean como plumas cuando pasen sobre el cuerpo del hombre”, diciendo, ordenó nuestro gran Padre. Y así, el ángel excelso, levantando la miel con sus manos, enlució tu cuerpecito, todo, desde la cabeza hasta las uñas de los pies. Y te erguiste, solo; en el resplandor del cielo la luz de tu cuerpo sobresalía, como si estuviera hecho de oro, transparente.
  • Así tenía que ser – dijo el patrón, y luego preguntó:
  • ¿Y a ti?
  • Cuando tú brillabas en el cielo, nuestro Gran Padre San Francisco volvió a ordenar: “Que de todos los ángeles del cielo venga el de menos valer, el más ordinario. Que ese ángel traiga en un tarro de gasolina excremento humano”.
  • ¿Y entonces?
  • Un ángel que ya no valía, viejo, de patas escamosas, al que no le alcanzaban las fuerzas para mantener las alas en su sitio, llegó ante nuestro gran Padre; llegó bien cansado, con las alas chorreadas, trayendo en las manos un tarro grande. “Oye viejo – ordenó nuestro gran Padre a ese pobre ángel -, embadurna el cuerpo de este hombrecito con el excremento que hay en esa lata que has traído; todo el cuerpo, de cualquier manera; cúbrelo como puedas. ¡Rápido!”. Entonces, con sus manos nudosas, el ángel viejo, sacando el excremento de la lata, me cubrió, desigual, el cuerpo, así como se echa barro en la pared de una casa ordinaria, sin cuidado. Y aparecí avergonzado, en la luz del cielo, apestando…
  • Así mismo tenía que ser – afirmó el patrón. – ¡Continúa! ¿O todo concluye allí?
  • No, padrecito mío, señor mío. Cuando nuevamente, aunque ya de otro modo, nos vimos juntos, los dos, ante nuestro Gran padre San Francisco, él volvió a mirarnos, también nuevamente, ya a ti ya a mí, largo rato. Con sus ojos que colmaban el cielo, no sé hasta qué honduras nos alcanzó, juntando la noche con el día, el olvido con la memoria. Y luego dijo: “Todo cuanto los ángeles debían hacer con ustedes ya está hecho. Ahora ¡lámanse el uno al otro! Despacio, por mucho tiempo”. El viejo ángel rejuveneció a esa misma hora; sus alas recuperaron su color negro, su gran fuerza. Nuestro Padre le encomendó vigilar que su voluntad se cumpliera.

(*) Indio que pertenece a la hacienda.

El juicio del gallo y el pucu pucu

Cuentan que, desde tiempos inmemoriales, el pucu-pucu, era el único encargado de anunciar la hora. Al escuchar su canto, todos se levantaban, se acostaban, almorzaban, o realizaban otras actividades. Un día, de lejanas tierras, llegó el gallo quien con voz estentórea comenzó a realizar la misma tarea. La presencia del extranjero hizo que el pucu-pucu presintiera el final de su privilegio.

Celoso, el pucu-pucu, interpuso una denuncia ante el juez, acusando al gallo que usurpador y pidiendo se respeten sus derechos, presentó como pruebas todos los documentos que acreditaban, desde épocas remotas, su prerrogativa de ser el único anunciador del tiempo. El ratón que había observado este trámite, tomó nota de todo. Ante esta denuncia, el junto Juez dispuso que el gallo compareciera a responder la demanda, trayendo consigo, si los poseía, los papeles que justificasen sus actos y su presencia.

Al día siguiente, el ratón vio que el gallo paseaba tranquilamente, llevando dos taleguillas llenas de tostado. Se le acercó y con la boca hecha agüita, pues este alimento encantaba a su paladar le dijo:

  • Yo sé algo que te interesa mucho. Dame ese rico tostado y lo sabrás.

La propuesta le interesó al gallo que con prontitud le alcanzó un puñado de su fiambre. Después de saborear una porción del tostado, y ante las exigencia del ave, el ratón contó todo lo que había visto y escuchado en el despacho del juez; haciéndole notar el peligro que corría por ser extranjero y el derecho inmemorial que amparaba al pucu-pucu. El gallo se puso triste con la noticia.

  • No te preocupes, le dijo el ratón – aprovechando el momento – yo te voy a ayudar, pero. tú sabes, en esta vida todo tiene precio. Dame todo tu tostado y yo me encargaré de desaparecer todas las pruebas que ha presentado el pucu-pucu.
  • ¡Llévate las dos talegas! – respondió entusiasmado, el gallo, entregándole todo el tostado que traía. El roedor, muy contento, las recibió sin disimular su ambición, y se fue apresuradamente, no sin antes decir:
  • Pierde cuidado, ¡todo se arreglará¡… ¡las pruebas desaparecerán!

Por la noche, sigilosamente el roedor ingresó por una rendijita a las oficinas del juez y buscando diligentemente, por todos los rincones, encontró los documentos y, royendo y royendo pacientemente, los hizo desaparecer, de este modo quedaron destruidas las pruebas que acreditaban el derecho que asistía al pucu-pucu. -¡Ya está! ¿Alguien me habrá visto? – dijo, sonriendo y, ufano y sin pizca de remordimiento se marchó, seguro de haber cumplido su promesa.

El día fijado concurrieron ante el juez ambos litigantes. La autoridad, luego de tomarles su manifestación, pidió a cada uno que presentasen los documentos que prueben su derecho. El gallo no los tenía y el pucu-pucu, afirmaba haberlos dejado en el despacho oportunamente. Como éstos, no aparecían por ningún lado, el juez determinó que ambos se sometieran a una prueba: ¡anunciar la madrugada la finalizar esa noche! El juez se encargaría de controlar la exactitud con que lo hacían para dictar sentencia. El pucu-pucu, sorprendido y con la desesperación de la injusticia, no tuvo más remedio que aceptar; pero se hallaba tan preocupado y alterado por la rabia de saberse víctima de semejante atropello que se marchó silencioso a su nido.

  • ¡Pucuy, pucuuy, pucuuuy!- cantaba desentonadamente y a cada momento en su afán de no perder la prueba, -¡Pucuy, pucuuy, pucuuy! – molestaba la constancia de su canto, -¡Pucuy, pucuuy pucuuuy!-, su destemplada voz, irritaba al juez y a todos los vecinos. Nadie pudo dormir aquella noche por la impertinencia del nervioso.

-¡Cocorocooo!, cantó el gallo al clarear el alba seguro de sí mismo, luego de haber dormido tranquilamente. Así, orgulloso, anunció el amanecer, luego de batir sus potentes alas.

Al día siguiente volvieron a presentarse ante el Justo Juez, quien ceremoniosamente, dictó sentencia. El pucu-pucu había perdido. En vez de anunciar la hora oportunamente, había interrumpido el sueño de los demás, mientras que el gallo lo hizo con exactitud. Esto lo autorizaba a seguir anunciando los amaneceres.

Se consumó, de esta manera, gracias a la complicidad leguleyesca del ratón, la usurpación de los derechos que había tenido, por tantos siglos, tantas generaciones de pucu-pucus.

Cada quien se fue a su casa. El gallo ufano y muy contento, íntimamente agradecido para el ratón. El pucu-pucu, triste y cabizbajo, sin hallar al explicación de su desgracia, pensando únicamente en la venganza como remedio.

EL EQEQO Y LAS ALASITAS

Publicado en Uncategorized el 2 mayo, 2010 por hujmaya

Según la entrevista a José Luís Ayala sobre el significado del Eqeqo nos dice: “Es un Dios demiurgo. Esta presente en la metafísica y en la cosmovisión dioses creadores, de los dioses reproductores, de los dioses de la abundancia. El aymara, como los hindúes y como los esquimales, tiene una lógica distinta, una lógica que no es cartesiana. Y también tiene una estética que es andina; de tal manera que es al mismo tiempo el recibir y el dar. Es también el hecho de sembrar y recoger. Pero hay un intermediario entre la divinidad y la humanidad que es el eqeqo. Es un personaje que interviene haciendo reproducir, las alpacas, las casas; haciendo al mismo tiempo lo que los cristianos llaman el milagro”.

Pero esta forma de economía andina se basa fundamentalmente en el hecho de recibir y agradecer. Y el eqeqo es un dios demiurgo que esta presente permanentemente en las cosechas, en los viajes, en los sueños, en los amores. Es el personaje mítico que permite sembrar y luego cosechar. Pero no en el término agrario, si no en el término de la fortuna, en la suerte, específicamente de lo que es bueno en el hombre, en el ser humano.

Entonces, el eqeqo se convierte en el centro, en la convergencia de una fiesta, de una forma de agradecer y de una forma de pedir. El eqeqo es, y seguirá siendo en el mundo andino, una divinidad intermediaria entre la divinidad real y la divinidad social.

Siguiendo otra hipótesis del investigador boliviano Carlos Ponce Sangines, se ha supuesto que el eqeqo tenia origen pre hispánico en el dios Thunupa, representado originalmente en forma de monolitos de piedra, y también de plata, con joroba y con un pene grande.

Nuevas investigaciones inducen a pensar que el eqeqo es una representación de los “Kallawayas” o curanderos ambulantes que recorrían el altiplano Peru=boliviano llevando en sus alforjas yerbas medicinales, amuletos y otras especies destinadas a la curación de las enfermedades que aquejaban a los pobladores.

Estos pueblos primitivos en sus concepciones mágicas consideraban a estos personajes como enviados por las divinidades para traer salud y bienestar, y al representarlos en miniaturas, los usaban como amuletos capaces de otorgar salud, riqueza, amores, etc. Y por consiguiente había que venerarlos.

Existe otra versión de Alfonsina Barrionuevo, quien dice que el eqeqo “es una creación indígena pero el personaje representa un español”; representa al mercachifle Europeo, comerciante ambulante y trotamundo que vendía baratijas como anteojos para el sol, espejitos, anillos, aretes, perfumes y otros cachivaches que deslumbraba a la gente ignorante, que los adquirían para adornarse imitando a los españoles.

Estos mercachifles, con el tiempo sucedieron a los kallawayas en los primeros años de vida republicana trayendo remedios muy populares como las píldoras de Ross para el estreñimiento, píldoras de reuter para los riñones, píldoras de eter para la flatulencia y los cólicos, la emulsión de scott para tonificar el organismo etc.

Sea un dios andino, sean los kallawayas, sean los mercachifles, el eqeqo esta creciendo en su influencia, no solamente lo veneran los aymaras, los del mundo andino en general; sino ha tomado Lima, se ha ido a Estados Unidos, esta en Europa. Ha llegado a una cultura realmente interesante como es la brasileña que tiene una cantidad de dioses impresionantes y donde ha empezado a sentar presencia. Y tenemos conocimiento que en el sudeste asiático también hay signos de la presencia del eqeqo.

Se dice que estos personajes que traían joyas y medicinas, según la mentalidad indígena se convirtieron en símbolos de prosperidad y salud, y por ello los convirtieron en ídolos y los representaron en forma de muñecos cargados de objetos miniaturizados. Que hoy en día se ha internacionalizado conociéndose en el mundo entero.

DE LA CHHALASITA A LA ALASITA:

Nuestro abuelos no conocían el dinero, solamente la Chhala que quiere decir intercambio de productos para consumir y usar, después de la invasión de los españoles, que trajeron monedas introdujeron la palabra trueque que se acercaba al significado de la palabra Chhala; frente a este trastrocamiento nuestros abuelos, al trueque lo llamaron Turka que quiere decir intercambio de productos para negociar y comercializar en torno al dinero moneda español impuesto, desplazando a la cala que era intercambio de especies sin dinero.

Nuestro abuelos crearon la palabra Alasita que quiere decir cómprame, y la palabra Alxeta que quiere decir véndeme; esto derivado y a partir de la palabra antigua Chhalasita que quiere decir intercámbiame; sin embargo, se siguió intercambiando miniaturas a cambio de otras ILLA; y cuando se decía alasita, se compraba también con ILLA, pedacitos de cerámica, botones dorados o plateados, que se parecían a las monedas de oro y plata acuñadas por los españoles.

Entonces, Chhalasita es intercámbiame; alasita es cómprame con dinero; alxeta, véndeme.

Pese a la presencia de la alasita la gente todavía dice que no se debe llamar comprar, sino se debe decir cambiar.

En Puno, en los años siguientes en la fiesta de las estrellas que se realizaba en el cerro Machallata, donde se intercambiaban las diferentes ILLAS de animalitos, alimentos y otros objetos miniaturizados, se recordó al Eqeqo. Viendo este hecho los españoles lo convirtieron en fiesta de la Santa Cruz para impedir posibles levantamientos, que posteriormente se convirtió en feria de Alasitas, incluso los descendientes de los españoles consideraron a Stma. Cruz de Bellavista, patrón de las Alasitas, donde el Eqeqo era la figura representativa principal. Desde esa vez el Eqeqo y las Alasitas se realizaba cada 3 de Mayo, efectuándose en el barrio de Bellavista.

José Flores Ordóñez, habla del cerro Machallata del sector de Bellavista…. Averiguo que fue lugar donde guardaron o escondieron los tesoros y alhajas de la Iglesia San Juan Bautista en los días aciagos de la guerra con Chile.
POR: Godofredo Chura Merma – TITICACA ENCANTO.

 

2 comentarios to “* RELATOS ANDINOS”

  1. Me encantó, muy bonitos, alguno lo he escuchado en otro lugar con algunos cambios pero te felicito.

    Me estoy aprovisionando de mitos, leyendas, cuentos andinos para emitirlo en mi programa radial on line: http://www.cajatambo.com/ de lunes a sábado de 8 a 10 p.m.

    gracias por este aporte.

    Judith Quinteros

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